La atleta alcalaína Rocío Arroyo ha hecho historia este fin de semana al colgarse la medalla de bronce en el relevo 4×400 metros durante el Campeonato del Mundo Indoor de Kujawi-Pomorze, formando equipo junto a Ana Prieto, Carmen Avilés y Daniela Fra.
El cuarteto español firmó una actuación brillante en la final, logrando un meritorio tercer puesto que sabe a hazaña histórica. No solo por el metal, sino porque España no alcanzaba una final mundial en esta disciplina desde hace 35 años, un hito que refuerza la dimensión de este éxito en una prueba que además sirvió para cerrar el campeonato.
El atletismo español despidió el Mundial bajo techo con una de esas carreras que quedan grabadas en la memoria colectiva. En una final de máxima exigencia, marcada por la igualdad y la presencia de grandes potencias internacionales, el relevo femenino 4×400 encontró el camino hacia el podio, dejando además una actuación especialmente significativa para el deporte complutense, con Arroyo como una de las protagonistas clave.
En semifinales para los 800
En la prueba individual de 800 metros, la alcalaína, canterana del Ajalkalá, compitió en las semifinales, donde firmó un tiempo de 2:01.22. En su serie, finalizó en quinta posición, quedándose fuera de los puestos que daban acceso a la final en una carrera de altísimo nivel competitivo. Por suerte, contó con la compañía de su técnico, el también alcalaíno Toni Fernández y otro atleta del Ajalkalá, Gerson Pozo, que había acudido como reserva del 4×400 mixtos.
Pese a no poder pelear por las medallas en el 800, su rendimiento confirmó su presencia entre la élite internacional del mediofondo. Además, esa experiencia en rondas exigentes resultó clave para su posterior papel en el relevo 4×400, donde acabó siendo una de las piezas determinantes del equipo español que conquistó el bronce.
La medalla se confirmó este domingo en Toruń (Polonia), donde España cruzó la meta en tercera posición con un registro de 3:26.04. Por delante finalizaron Estados Unidos, que se llevó el oro con 3:25.81, y Países Bajos, plata con 3:26.00. La diferencia con el segundo puesto fue mínima —apenas unas centésimas—, reflejo de una final que se decidió en los últimos metros.
Clave para el bronce
España afrontó la carrera definitiva con una alineación formada por Paula Sevilla en la primera posta, Ana Prieto en la segunda, Rocío Arroyo en la tercera y Blanca Hervás como última relevista. El equipo mantuvo una regularidad sobresaliente frente a selecciones con mayor tradición en la prueba, resistiendo en la lucha por las medallas hasta el desenlace final. Fue en la recta definitiva cuando Hervás logró adelantar a la atleta polaca, asegurando así el bronce.
Antes de ese momento decisivo, la actuación de Arroyo ya había resultado determinante. La alcalaína tomó el testigo en la tercera posta en un instante crítico, con el grupo cabecero ya fragmentado, y consiguió devolver a España a la pelea directa por el podio. Su parcial, el más rápido del equipo español en la final, permitió mantener vivas todas las opciones de medalla.
Ese rendimiento adquiere aún más valor si se tiene en cuenta la exigencia táctica del 4×400 en pista cubierta, donde cada transición y cada posición al abandonar las calles marcadas resultan clave. Paula Sevilla situó al equipo en disposición de competir desde el inicio, Ana Prieto consolidó esa posición, Arroyo reenganchó a España a la lucha por el podio y Blanca Hervás culminó el trabajo colectivo con un final explosivo que devolvió a España a la élite mundial de la disciplina.

