Con solo 14 años y una vitrina que ya suma más de 20 medallas nacionales, el gimnasta del Club Iplacea Alkal’a se consolida como un referente de superación y madurez sobre el tapiz.
En un deporte tradicionalmente asociado a lo femenino, Víctor Laczko camina por el Pabellón Demetrio Lozano con la seguridad de quien sabe que el talento no entiende de géneros. A sus 14 años, este joven deportista del Club Iplacea Alkal’a no solo destaca por su técnica con las mazas o el aro, sino por una madurez competitiva impropia de su edad. A pesar de haber vivido una jornada «regular» en el reciente torneo nacional celebrado en su ciudad, Víctor recibe a Alcalá de Deportes con una sonrisa y una lección de deportividad: «No siempre se trata de quedar primero; a veces quedar segundo te ayuda a saber en qué has fallado para alcanzar tu objetivo, que es el Campeonato de España».
De la curiosidad al alto rendimiento
La historia de Víctor con la rítmica comenzó casi por azar en 2020. Mientras observaba a su hermana practicar volteretas en casa, la curiosidad prendió la mecha. «Se lo enseñé a sus entrenadores y me dijeron: ‘anda, vente a entrenar'», recuerda. Sus inicios, sin embargo, estuvieron marcados por la anomalía de la pandemia. Víctor es de esa generación de atletas que aprendió a controlar la respiración y a competir bajo el rigor de la mascarilla. «En el Campeonato de España tenías que meter la mascarilla en una bolsita, competir, y volvértela a poner nada más terminar. Era un poco aparatoso».
Cuando entró en el club, Víctor era el único chico del grupo, una situación que admite que le hacía sentirse «un poco raro» al principio. Sin embargo, su presencia actuó como catalizador. Poco a poco, otros compañeros se animaron a dar el paso al ver en él un espejo donde mirarse. «Me siento muy bien inspirando a otros. Hay gente que aún no sabe que existe este deporte para nosotros y es importante que cada uno conozca sus gustos sin miedo», afirma con rotundidad.
Un coleccionista de medallas con los pies en la tierra
Aunque su carrera es corta en años, es dilatada en éxitos. Con aproximadamente 20 medallas en su haber, Víctor ha sido una presencia constante en los podios nacionales desde 2021 hasta 2025. Entre todos sus metales, guarda un cariño especial al oro conseguido con el aro en Ourense, un montaje que le apasionaba y que marcó un antes y un después en su confianza.
Sus aparatos favoritos son las mazas y la cinta. De las primeras destaca la facilidad con la que ejecuta los «molinos», mientras que con la cinta disfruta de la fluidez del movimiento. Para Víctor, la rítmica es, ante todo, una forma de expresión: «Es un deporte donde intentas expresar la música; puedes elegir desde algo triste hasta algo festivo, y eso te inspira a seguir».
El sueño olímpico y el mensaje a las nuevas generaciones
Al ser preguntado por los Juegos Olímpicos, Víctor no oculta que es un sueño que ya revolotea en las conversaciones de su entorno. Aunque es consciente de la dificultad —especialmente por el sacrificio mental y la necesidad de compaginar la élite con los estudios—, no descarta estar algún día en la mayor cita deportiva del mundo. «Creo que podría llegar, aunque es un paso difícil».
Para aquellos chicos que aún dudan si apuntarse a gimnasia rítmica por prejuicios externos, el mensaje de Víctor es simple y democeledor: «Da igual el deporte que hagas, solo importa que tú te sientas a gusto. Eres libre para elegir lo que quieras». Con esa filosofía de libertad y trabajo duro, Víctor Laczko no solo está construyendo una carrera deportiva brillante, sino que está liderando el cambio social en el deporte base de Alcalá de Henares.


