Subcampeona del mundo y referente del deporte complutense, la karateka repasa su histórica medalla ante Japón, su reciente regreso al oro tras ser madre y el emotivo vínculo con sus alumnos tras 20 años de docencia.
Hay nombres que se escriben con letras de oro en la historia deportiva de una ciudad, y el de Paula Rodríguez es, sin duda, uno de ellos. Entrar en el pabellón del Club Ciudad del Aire es entrar en su casa, un lugar donde el sonido del kiaiy el roce de los pies sobre el tatami marcan el ritmo de una vida dedicada a la perfección técnica. Paula no es solo una competidora de élite; es la personificación de la resiliencia. Capaz de tutear a la todopoderosa selección de Japón en una final mundial y, años después, reinventarse tras la maternidad para volver a lo más alto del podio nacional, Paula representa la esencia del kárate: no se trata de dar patadas al aire, sino de forjar un carácter inquebrantable.
Un inicio accidentado: Del baloncesto al tatami
Resulta difícil imaginar que una de las mejores karatekas de la historia de nuestro país fuera «un desastre» en otros deportes en su infancia. Paula confiesa entre risas que su idilio con el kárate comenzó de forma tardía, a los nueve años, y casi por eliminación. Tras fracasar en el baloncesto —donde reconoce que metía las canastas en su propio aro— y probar sin éxito el atletismo, sus amigas la arrastraron a las clases de Sergio y Macario Martínez. Lo que empezó como un intento de encajar en una actividad extraescolar terminó siendo el motor de su vida.
Kata vs. Kumite: El arte de la pelea imaginaria
En el kárate existen dos mundos: el contacto directo del Kumite y la precisión estética del Kata. Paula lo tuvo claro pronto. «De pequeños el uno contra uno nos hace mucha gracia, hasta que empiezas a llevarte golpes y ya no mola tanto», bromea. Se especializó en Kata, una modalidad que define como una pelea imaginaria donde cada movimiento debe ser perfecto. Aunque reconoce que hay atletas polivalentes, Paula subraya la dureza de la especialización: llegar al nivel de un equipo nacional en Kata, preparando tanto la categoría individual como la de equipos, exige una dedicación del 100% que difícilmente deja espacio para el combate.
2016: El año en que España rompió la hegemonía
El punto de inflexión de su carrera llegó en 2016, un año que describe como «rodado». Tras años de trabajo, el equipo español femenino hizo lo impensable: derrotar a las vigentes campeonas mundiales, las alemanas, en la final del Europeo. Pero la verdadera hazaña ocurrió en Austria, en el Campeonato del Mundo. Paula y sus compañeras fueron el primer equipo español de la historia en alcanzar una final mundial senior. «No sabíamos que éramos las primeras, y creo que eso nos quitó presión. Hacer una final contra Japón es lo máximo; ellos son los favoritos por naturaleza y estar ahí ya es un éxito rotundo», recuerda sobre aquella histórica plata.
La «Era Paula» y la lección de la autocrítica
Tras aquel éxito, Paula dominó Madrid siendo tetracampeona consecutiva. Sin embargo, el alto rendimiento también le mostró su cara amarga. La karateka complutense habla con una honestidad inusual sobre su salida del equipo nacional tras un bajón de rendimiento: «Al principio, siendo joven, le echas la culpa al seleccionador. Pero con el tiempo entiendes que la culpa fue mía; si hubiera entrenado más o me hubiera exigido más, no me habrían sacado». Esa capacidad de autocrítica le permitió cambiar el «chip», dejar de competir por obligación y volver a disfrutar del tatami por puro placer personal.
El regreso al oro y el reencuentro con su legado
La vida de Paula ha cambiado: ahora es madre de dos hijos, un reto que la obligó a realizar dos parones en su carrera. Pero el «instinto de campeona» seguía ahí. En su reciente regreso a la Liga Nacional en Torrejón, Paula volvió a colgarse el Oro, demostrando que el talento no tiene fecha de caducidad.
Una de las curiosidades de la entrevista, fue que el periodista encargado de preguntarle hoy, un servidor, fue su alumno hace 20 años, cuando Paula ya formaba a niños de cuatro años en el Ciudad del Aire. «Es una pasada ver que gente que empezó de pequeñita con nosotros sigue en nuestras vidas. Eso significa que hemos dejado huella en su corazoncito», afirma emocionada. Actualmente, Paula sigue dedicada a esa «primera fase» de formación con los más pequeños, manteniendo vivo el legado de un club que es pionero en Alcalá desde 1981.
Mirando al futuro: Los Ángeles en el horizonte máster
Lejos de la retirada, el calendario de Paula Rodríguez está más vivo que nunca. Sus próximos objetivos están a la vuelta de la esquina: un trofeo de veteranos este mismo sábado, el Campeonato de España Máster (11 y 12 de abril) y la gran final de la Liga Nacional en diciembre. Paula se despide con un mensaje claro: el kárate no es lo que vemos en las películas, es el estilo de vida que la formó como la mujer y la deportista que es hoy.

