23/07/2026
Alcalá de Henares
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Ciencia o derechos: La guerra del género llega al deporte

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El deporte internacional se enfrenta a una de sus decisiones más disruptivas y polémicas: el Comité Olímpico Internacional (COI) ha anunciado un cambio de criterio en sus políticas de elegibilidad que redefine la frontera de la categoría femenina. Esta decisión se va a convertir en un choque trenes entre, por un lado, el «interés imperioso» del COI por salvaguardar la igualdad competitiva y por otro, las organizaciones de derechos humanos que ven en estas medidas una vigilancia desproporcionada sobre los cuerpos de las mujeres. Como medio deportivo, nos vemos obligados a preguntarnos por esta cuestión: en la era de la identidad autodeterminada, ¿qué peso real debe tener la vigilancia cromosómica en el deporte de élite? ¿conseguirá el COI poner en marcha la “policía de género” que plantea en su documento de conclusiones?

Pros y contras. A continuación, desglosamos los cinco ejes críticos de esta nueva política que entrará en vigor para los Juegos de Los Ángeles 2028.

El retorno al escrutinio genético: El gen SRY como juez

La piedra angular de la nueva política es el cribado del gen SRY, un segmento de ADN que señala la presencia de testículos e inicia el desarrollo sexual masculino en el útero. Para el COI, este método es «mínimamente intrusivo» y proporciona una prueba inmutable del sexo biológico, a diferencia de los niveles de testosterona, que son variables.

Sin embargo, este movimiento es visto por la Sport & Rights Alliance (SRA) como un retroceso de 30 años. Es vital recordar que en 1996, el propio COI suspendió las pruebas universales tras calificarlas de «científicamente injustificables y poco éticas». El retorno a esta vigilancia cromosómica reactiva un trauma histórico en el olimpismo.

«Exigir a las mujeres y las niñas que se sometan a pruebas genéticas obligatorias solo por participar en el deporte reavivaría una práctica que —aunque se trate de una ‘prueba única’— viola su privacidad, las expone a un escrutinio y a humillaciones públicas extremas… esta política supondría un riesgo enorme para su protección al exigir que se examinen los cuerpos de las jóvenes y las niñas y se divulgue su información médica íntima», afirma la  Dra. Payoshni Mitra, directora ejecutiva de Humans of Sport.

La ventaja biológica: Los «rasgos fijos» frente a la química

El argumento técnico del COI descansa sobre una premisa científica renovada: la ventaja masculina no reside solo en la testosterona circulante, sino en rasgos fijos e inmutables adquiridos durante el desarrollo. Atributos como una mayor masa ósea, una capacidad pulmonar superior y corazones más grandes no desaparecen mediante la supresión hormonal.

Los datos presentados por el Grupo de Trabajo son elocuentes respecto a la magnitud de esta brecha de rendimiento:

  • 10-12% en eventos de carrera y natación.
  • 20% o más en disciplinas de salto y lanzamiento.
  • Más del 100% en deportes de potencia explosiva como el boxeo o la halterofilia.

Bajo este marco, el COI sostiene que la inclusión de atletas con desarrollo masculino en la categoría femenina compromete la equidad, la integridad y, en deportes de contacto, la seguridad física de las mujeres biológicas.

De la inclusión a la exclusión: El adiós al Marco de 2021

Esta decisión representa una ruptura total con el «Marco sobre Equidad, Inclusión y No Discriminación» de 2021. Mientras que el documento anterior promovía la no presunción de ventaja y exigía evidencia específica para cada deporte, la nueva norma impone una exclusión general basada en el sexo biológico para todo evento que requiera fuerza o resistencia. Este giro es visto por los críticos como una postura «políticamente oportunista» que ignora la identidad legal del atleta.

«El deporte debería ser un lugar de integración. Instamos al COI a que priorice la seguridad por encima de la política y no permita una política que ponga activamente en riesgo a todas las mujeres. La vigilancia invasiva de los cuerpos de las mujeres debería preocuparnos a todas las personas, ya que refuerza estereotipos dañinos y expone a todas las mujeres y a los atletas LGBTI a un mayor acoso y escrutinio» según Julia Ehrt, directora ejecutiva de ILGA (Asociación Internacional de Lesbianas, Gays, Bisexuales, Trans e Intersex).

Además, Andrea Florence, de la SRA (Sports Rights Alliance), ha señalado una contradicción sistémica: el COI invierte recursos en vigilancia genética mientras parece estar «desinvirtiendo en la infraestructura deportiva segura» que realmente protege a las atletas contra abusos y violencia de género.

La brecha del Sur Global: Costos y sospecha institucional

Desde una perspectiva de derechos humanos, la decisión del COI abre la puerta a generar un sistema de doble rasero. Según datos de The Inclusion Playbook, estas pruebas genéticas pueden alcanzar un coste de 8.500 € por atleta. Para las federaciones de países “pobres”, este gasto es prohibitivo, lo que deja a las atletas de países con menos recursos en una situación de vulnerabilidad administrativa y financiera.

Más grave aún es la formalización de la sospecha basada en la apariencia física. Históricamente, las mujeres racializadas han sido el blanco de cuestionamientos sobre su feminidad. La vigilancia cromosómica institucionaliza este sesgo, creando una barrera adicional para quienes ya enfrentan obstáculos estructurales. «Como mujer africana racializada, pido al COI que se asegure de que el deporte internacional respete los derechos humanos de todes les atletas y no fomente la discriminación institucionalizada contra las mujeres y niñas racializadas del Sur Global, quienes a menudo son blanco de ataques basados en su apariencia» dice Francine Niyonsaba, medalla de plata en Río 2016 en 800 m. y Campeona del Mundo en 2018.

El Síndrome de Insensibilidad a los Andrógenos (CAIS) y la reclasificación

El único matiz técnico para incluir atletas que tengan cromosomas XY es el Síndrome de Insensibilidad Completa a los Andrógenos (CAIS). Estas atletas serían admitidas porque sus cuerpos no pueden responder a la testosterona, anulando cualquier ventaja competitiva derivada del desarrollo masculino.

Sin embargo, para el resto de las atletas SRY-positivas que no cumplan este diagnóstico clínico, el COI ofrece una alternativa: la participación en la categoría masculina o en categorías abiertas. Esto confirma que, para el olimpismo del futuro, la identidad legal (pasaportes) ha dejado de tener validez frente a la realidad biológica. El COI asume así un rol de «policía de género» encargado de validar diagnósticos clínicos profundos, desplazando la autonomía personal por el dictamen de laboratorio.

Conclusión: El dilema de Los Ángeles 2028

La implementación de estas normas redefine el Movimiento Olímpico. Al priorizar la biología sobre la inclusión, el COI ha optado por blindar la categoría femenina frente a lo que considera ventajas inmutables, aun a riesgo de sacrificar los derechos de las atletas trans e intersex.

Mientras nos acercamos a Los Ángeles 2028, queda claro que la «protección de la categoría» tendrá un costo humano y ético significativo. El debate sobre si la vigilancia cromosómica es una herramienta de equidad o un instrumento de discriminación institucionalizada está lejos de cerrarse. Más bien, se acaba de abrir de par en par.

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